jueves, 19 de abril de 2012

Ser humano.


Dicen que el ser humano es humano cuando siente y es ser cuando proyecta su esencia. Pero no es un ser en sí mismo sino un ser nacido para ser, una existencia sin esencia, arrojado al mundo con la única finalidad de llenarse, como nuestra mente. Dicen que sentimos cuando sufrimos, cuando amamos, cuando odiamos…y de todo eso llenamos nuestra esencia. Se podría decir entonces que el ser humano es humano porque es ser y es ser porque es humano.

Pero desgraciadamente hay gente en esta vida que pierde su ser, su proyección, porque la utopía que hemos creado y en la cual vivimos destruye la capacidad de engordar la esencia del ser humano. Son aquellos que te encuentras en cualquier esquina defendiéndose detrás de un cartel que a duras penas se lee. O tantos otros que se pasan el día recorriendo de vagón en vagón las venas de Madrid por el mero instinto de supervivencia, porque a más de uno le mueve más su ser humano que su ser deshumanizado. Probablemente lo peor de todo es que tanto tú como yo contribuimos a que esta situación se dé cada vez más, engordando la proyección envenenada de demonios con corbata y dejando morir de inanición la de personas que se tapan con remiendos. Personalmente quiero pensar que no somos malas personas, que la sociedad nos ha hecho así y que nosotros, por el mero instinto de supervivencia, nos hemos dejado. Seguramente que hayamos perdido nuestra identificación humana y que cuando lleguemos a las puertas de no sé dónde, cuando nuestro cuerpo sea alimento de necrófagos, nos identifiquen por nuestra esencia y no por nuestra humanidad. Por suerte para todos, de vez en cuando se deja ver por ahí algún ángel caído que frenó en la tierra y que tiende la mano al necesitado. La pena es que  cuando alguien, que es más humano que ser, porque su ser está lleno de cosas preciosas, intenta ayudar a aquel inválido de proyección, la sociedad se encarga de quitarle de en medio, de destrozar su verdadera esencia y de enviar su humanidad al Tártaro. Y ahí se quedará hasta el fin de los tiempos en el que de nuevo los titanes decidan recuperar su terreno frente a los dioses inventados.

sábado, 14 de abril de 2012

"El infierno son los otros"


Paseo por la calle en esta tarde de granizo bajo el cielo abierto de Madrid y lo único que se ve en ambas aceras es el bullicio de la ausencia. Todo está lleno de gente despreciable que no significa nada en ninguna de nuestras vidas. Vivimos en una sociedad en la que todo el mundo mira para sí mismo, buscando lo importante del don, dentro de sus propios ombligos. Y cuando llegamos al mar, lo único que vemos es que todo el mundo se embarca en el mismo bote destinado a chocar contra el iceberg que hundió el Titanic, destinados a tirarse unos a otros de la barca con tal de dejar satisfecho el propio instinto de supervivencia. Nos encontraremos en las puertas de algún cielo, ante algún santo que ha santificado la historia y nos veremos las caras unos a otros. Todos acabaremos en el mismo final. No somos nadie y lo sabemos y lo negamos y nos lo ocultamos. Y para hacer más trágico nuestro existir, intentamos empeorar el del que tenemos al lado.

Tardes como estas de sábados granizados en los que la gente se viste con el atrezo trágico, paran el tráfico sanguíneo de un muerto que ,sediento de existencia, grita desde la tumba que el mundo se desmorona, que vuelvan los de antes y que se pierdan los de ahora. ¿Cuándo hemos matado a Dios? ¿Cuándo le dimos existencia? Despreocupados del otro salimos a la calle a revolucionarnos, a afiliarnos, a sindicalizarnos, únicamente porque no se pisoteara al individuo, únicamente por no dejar como nueva nuestra capacidad de elegir, nuestra libertad. Todo vacío de esencia, de existencia. Somos libres; demos caza al que ha matado a Dios.

Y la conciencia cayó fulminada por una de estas bolas de hielo de tardes como la de hoy. Y lo más bueno del hombre quedará reflejado en palabras que el tiempo guardará y enviará al vacío, a la nada, a donde nadie ha ido y donde todo lo que pasa desapercibido se guarda. Porque algún día, cuando paradójicamente el cielo se nuble y salga el sol, no solo Madrid, sino la humanidad entera recuperará los valores de los que se ha ido desposeyendo por culpa de la opresión del sistema y sus estereotipos. Volveremos a tener una humanidad humana. O eso espero.

Mientras tanto, solo me queda pasear.